Gerencia, Docencia y Excelencia: Caminos para el Aprendiente

Gerencia, Docencia y Excelencia: Caminos para el Aprendiente

En el fascinante cruce entre la gerencia y la docencia, descubrimos un espacio de aprendizaje mutuo, transformación personal y profesional. En el ámbito de las ciencias económicas y administrativas, ser docente tras haber transitado por roles de gerencia no solo enriquece la enseñanza, sino que la dota de una perspectiva que trasciende lo teórico.

La gerencia

La gerencia nos enseña la responsabilidad en su forma más compleja: el manejo de recursos, la toma de decisiones críticas y la gestión de equipos, donde cada acción tiene un impacto profundo. Este recorrido personal nos prepara para afrontar retos no solo profesionales, sino también humanos, revelando la importancia de liderar con empatía y visión.

La docencia

En la docencia, en cambio, encontramos un campo fértil para compartir esas lecciones, no como recetas exactas, sino como experiencias que invitan a los estudiantes a reflexionar, experimentar y construir su propio camino. Enseñar es una excusa poderosa para transformar a quienes confían en nosotros, mientras seguimos aprendiendo a su lado.

Piramide del Aprendizaje

La pirámide del aprendizaje lo dice con claridad: quien enseña, aprende más.
Este principio nos desafía como educadores a crear experiencias significativas para que los estudiantes no solo adquieran conocimiento, sino que lo interioricen y lo conviertan en acción. Nuestro rol es acompañarlos en su desarrollo, sabiendo que la excelencia no se alcanza en un semestre, sino en un proceso continuo. Como afirmó John Dewey: "La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida misma". Este enfoque nos recuerda que cada interacción en el aula es una oportunidad para construir futuro.

Ángela Pinzón, mi compañera de vida y profesión, y yo, hemos dedicado miles de horas a la docencia, noches reflexionando sobre cómo guiar a nuestros estudiantes a superar obstáculos, descubrir su potencial y pulir sus talentos. Aunque los frutos no siempre son inmediatos, hemos sido testigos de su evolución, viendo cómo logran convertirse en profesionales éticos y comprometidos.

La excelencia

En este camino, hemos aprendido que la excelencia no es un destino, sino un proceso que se nutre del aprendizaje continuo y del esfuerzo conjunto. Como docentes, nos esforzamos por ser esa chispa que enciende la pasión en nuestros estudiantes, con la esperanza de que ellos, algún día, también se conviertan en agentes de cambio y aprendices permanentes.

La docencia es un privilegio y un reto, una responsabilidad que nos transforma, porque enseñar y aprender son, al final, dos caras de la misma moneda. 

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